Semblanza de Miguel Lora Ortuño a un año de su fallecimiento

Miguel Lora Ortuño ingresó a la escuela de Comibol en 1954 y creció en el campamento minero de Siglo XX en el período de ascenso del proletariado minero, al amparo de sus hermanos mayores Guillermo, César y Filemón, militantes del Partido Obrero Revolucionario (POR). Conviviendo con la militancia trotskista desde los siete años de edad, aquel niño dócil, compasivo y obediente abandonó muy pronto su propia individualidad, y las luchas obreras y la revolución anticapitalista impregnaron toda su existencia.



El hermano menor de los Lora se incorporó a las células de la juventud porista de Siglo XX en tercero de Secundaria e inició su formación política en el Centro Cultural Máximo Gorky, semillero de cuadros trotskistas que fundarían la Unión Revolucionaria de Universitarios Socialistas (URUS) y la Unión Revolucionaria de Maestros (URMA). 

La contrarrevolución estalinista, las dictaduras, la persecución política y el asesinato de su hermano César radicalizaron al joven activista, y luego el declive histórico de la clase obrera tras el golpe militar de 1971 definió el curso de su vida profesional y política, como maestro, militante y organizador. 

El POR reconoció la importancia y necesidad de penetrar a la clase media radicalizada para ganarla a la política proletaria y posibilitar en el futuro la revolución obrera. A Miguel le correspondió organizar URMA, el brazo sindical del POR y exponente de la política proletaria en el seno del magisterio, y con su liderazgo el frente sindical trotskista se convirtió en el más recio defensor del Escalafón y las conquistas laborales y sociales del magisterio nacional. 

La estabilidad laboral y los bonos conquistados en épicas batallas callejeras y heroicas huelgas de hambre no son los más importantes legados del maestro revolucionario, sino su interpretación del fenómeno educativo aplicando el método materialista dialéctico, lo que permitió trasladar la lucha ideológica al campo de la pedagogía y derrotar al neoliberalismo y al masismo en el debate educativo.

Tal vez la mayor contribución del gigante gentil que desafió al espíritu conservador y reaccionario de la época (clero, socialdemocracia, estalinismo, posmodernismo reaccionario) fue armar ideológicamente a los maestros para que no pierdan las perspectivas de la lucha contra la privatización de la educación, de la seguridad social y de los recursos naturales, y posibilitar, por ejemplo, la expulsión de la multinacional Aguas del Tunari de Cochabamba y la nacionalización del agua en términos revolucionarios.

Miguel ha vivido y se ha realizado plenamente ocupando la trinchera que le corresponde en la lucha de clases, algunas veces con la camisa ceñida a las costillas y otras con el pellejo pegado al esqueleto, siembre execrando la figuración y la ventaja personal, porque el individuo es y se realiza al interior del partido, resistiendo, organizando y subvertiendo la sociedad imperante sin abandonar un milímetro el objetivo estratégico de la lucha.

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